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La gente dice que provincias está cambiando, la multiculturalidad ha llegado a nuestras calles, personas de otras tierras y lugares vienen a la “nuestra” a intentar salir “pa lante”. A pesar de que soy plenamente consciente de ese cambio, he tenido que vivir una situación personal para darle relevancia blogera, para reflexionar sobre ello, para pensar en lo que significa civilización, para recordar como se han dividido nuestras sociedades y para tener más claro aún que para pertenecer a distintas culturas no necesitamos fronteras lejanas y, mucho menos, marcadas en los mapas.

Vamos a la situación. Una vez más los niños me han llevado a un hospital, hoy en día un buen barómetro social, donde convives y compartes habitación durante unos días, semanas o meses, con otros que viven, normalmente, en tu misma ciudad. Nuestra convivencia no fue muy larga, cinco días, en los cuales tuvimos dos compañeros, es decir, miniconvivimos (mi mujer más) con dos familias.

Tres supuestos sociales en un entorno de 10 metros cuadrados en verde pastel con un objetivo aparente “cuidar a nuestros niños para que mejoren lo antes posible e irnos a casa”. Os voy a poner en precedentes para que si os apetece utilicéis la imaginación y empaticéis con nuestros días enclaustrados.

1. Nuestra familia, nacidos en España, residentes de casi toda la vida en la ciudad, formada por dos profesionales de entre cerca de la treintena y cerca de los cuarenta, con hijos menores de cuatro años. Educados en un sociedad libre, con la base del esfuerzo impuesto por nuestros padres y por todas las instituciones educativas de tradiciones greco-romanas, reforzada por la fuerza de la ilustración, la creatividad del siglo XX y el matiz obligado de derroche, cada día menor, en tradiciones católicas. Nuestro objetivo en el hospital: adaptar los esfuerzos para que nuestro hijo pasara lo antes posible su estancia recuperando su salud y, por supuesto, no generar ninguna molestia a aquellos con los que convivíamos en un espacio tan reducido.

2. La familia que nos encontramos en la habitación al llegar: nacidos en España, siempre -seguro- residentes en la ciudad, formada por dos jóvenes entre los diecisiete y los dieciocho años, bueno tres jóvenes por que si no me estoy olvidando de “el Nano” con quien compartimos también techo durante esos días . No conocedores de ninguna sociedad libre, mucho menos educados en ella, con ninguna base visible de refuerzo sobre fortalecer su esfuerzo y desarrollar sus vidas en armonía. Con una educación familiar dominada por un salvaje “sálvese quien pueda” y, lógicamente, con la pena o desgracia de no haber pasado más allá de unos meses por una institución educativa. Su objetivo en el hospital, el mismo que en la calle: la subsistencia. Por cierto, su hijo de tres meses creo que bien por lo menos por ahora. Y claro está, no formaba parte de sus objetivos convivir con nadie, tampoco hacer lo menos desesperante posible aquella situación de afinamiento en una habitación de hospital de tercera división. Creo que no voy a entrar más en detalle y no voy a contar lo del chozo en los alrededores del Hospital.

3. La segunda familia de nuestra convivencia en el GH sanitario: nacidos en Marruecos, ahora residentes en la ciudad, formada por dos jóvenes trabajadores entre la veintena y la treintena, más cerca de la treintena, con dos hijos menores de dos años. Con una base social basada en el esfuerzo para llevar hacia delante sus vidas y las de sus hijos, seguramente también impuesto por sus padres. Tal vez no conocedores de una sociedad libre -grecoromana, ilustrada y creativa-, que para ellos es un entorno semi hostil, y muy claramente influenciados por el paso, de más o menos tiempo, por instituciones educativas construidas por otras ricas civilizaciones y culturas y, es verdad, tamizados totalmente de tradición musulmana. Su objetivo en el hospital: daptar los esfuerzos para que su hijo pasara lo antes posible su estancia recuperando su salud y, por supuesto, no generar ninguna molestia a aquellos con los que convivían en un espacio tan reducido.

Pregunto: ¿cuáles son las dos civilizaciones?, ¿las diferenciadas por la distancia o por las fronteras?, ¿las medidas por la religión y la lengua? ¿o aquellas separadas por la cultura y la educación?. Hoy lo tengo más claro aún con hecho empírico de por medio, gracias a un Gran Hermano en el Hospital Santa Barbara del Sepecam.

Antes de nada una respuesta: no somos más distintos de aquellos que vienen de fuera que de muchos de los que están aquí al lado. Respuesta que, rápidamente, y por tendencia convierto en un rechazo sobre aquellos que buscan diferencias, cambian sus actuaciones y sus expresiones ante quienes pertenecen a otra raza, o comulgan con otra religión o, simplemente, provienen de otro país, a todos ellos recordarles que son unos IDIOTAS, en el sentido más griego de la palabra.

Y vuelvo a insistir de forma más simple: aquellos que ven la diferencia en las apariencias son unos IDIOTAS.

Aquellos que no entienden la importancia de la educación y su abanico de valores para la convivencia, que no vislumbran la diferencia entre ignorancia y civilización, que no fomentan en sus familias el esfuerzo y la formación de personas, que no entienden que somos lo que somos gracias a la socialización, a la cultura, a la educación, a la insistencia de nuestros mayores, a la fuerza de instituciones que nos forman en valores como convivir, respetar, compartir, construir…, únicamente formando parte de nuestra “sociedad civil” de La Civilización en mayúsculas, mucho más allá de religiones, de patrias, de atuendos, de lenguas, de trapos y banderas…, sois unos IDIOTAS.

Por cierto, mi niño muy bien.

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3 pensamientos en “2 civilizaciones, 2 idiotas o el Gran Hermano en el Hospital Santa Barbara

  1. Para empezar, querido pepe, te diré que la sanidad pública, no está mal en cuanto a especialistas y recursos técnicos, pero para todo lo demas es sencillamente, un horror.
    Y es que aún no he tenido que pasar por ahí (gracias a Dios siempre he dispuesto de sanidad privada, aunque ahora que ya soy “mayor”, mucho me temo que se me terminó el chollo de papá)ya que me horroriza literalmente tener que compartir convalecencia y miserias (y seguramente ¡¡EL MISMO CUARTO DE BAÑO!!)con una o dos familias desconocidas completamente, al menos si fueran socios de algún club de golf o de tenis, podriamos buscar hasta encontrar algún vínculo, pero mucho me temo, que no va a ser el caso.
    Educar, no es lo mismo que educar bien y en muchos casos, es sinónimo de maleducar (aún hay personas que no distinguen el tenedor de pescado del de carne, o no saben que a una chaqueta príncipe de gales le va mucho mejor la corbata lisa) cosa que francamente, se multiplica por cien cuando sondeamos las clases sociales más desfavorecidas (pobrecitos eh, que me dan mucha pena con la pobreza,la droga, los chandals rosas y todo eso).
    En fin muchacho, que no te lleves disgustos, la ideocia ya es pandemia y pocos somos los que podemos ponernos a salvo.
    Lo importante es que tu hijo se encuentre bien.
    Por cierto, yo tengo amigos extranjeros con un alto nivel cultural, pero fijate, que no siendo pobres, ni ladrones, ni tunantes en grado sumo, no se me antojan diferentes.
    Sin embargo, a la gentuza que viene aquí a despoblarnos de bienes y tranquilidad, por mucho carné y mucha nacionalidad que les concedan, nunca los sentire cercanos.
    Puede que sea un IDIOTA, o puede que el idiota sea, el que además de puta pone la cama y siendo cornudo descorcha su mejor vino para el amante de su mujer.
    A ver si empezamos a dejar de ser tan ambiguos coño, que hay que llamar a las cosas por su nombre y a la calaña que está aterrizando aquí, con todos los parabienes de los lameconciencias de siempre y que se ve fuerte ante la falta de cojones de una sociedad española, que está más preocupada por el que dirán en Europa, que por la seguidad de sus ciudadanos.
    Los hombres, que además de parecerlo demuestren serlo, deberían empezar a mover el culo, sino quieren que esto se vaya a la mierda.
    Un beso grande, para el inmenso cupo de detractores que ya se que tengo entre tus lectores.
    Otr para ti.

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