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Acta  de sesión extraordinaria del Pleno del 6 de agosto de 1945 (1)

“Cruzaba la carretera camino del piso de mano de la joven y guapa madre, alzó la mirada y, de nuevo, ese gran graffiti sobre el edificio despertó su poderosa imaginación infantil.
Allí, arriba, las letras ilegibles e incomprensibles todavía para esa edad junto a la imagen de unas flechas cruzadas; su simbología despertaba la imaginación del niño, sus ansias por el juego. Un recuerdo a juegos de indios y vaqueros inspirados en las “pelis” de sesión de tarde de esas largas horas de siesta. Para ese niño los indios eran imagen de una época muy lejana.
El niño hacía la pregunta que nunca tenía respuesta: -Mamá, -llamaba su atención-, ¿por qué unas flechas?. Serán por los indios, imaginaba él. La madre sabía qué contestar pero no tenía intención alguna. Al niño nunca le explicaron el significado de aquellas flechas. La madre sabía que llegaría el día en el que él mismo resolvería el misterio.”

La felicidad y la ignorancia allanaban el camino. Aquella imagen del yugo y unas flechas significaba que esos pisos, en los que vivían los pobres, estaban ahí por gracia de un líder póstumo que, con honores, hacía marcar sus obras para ser reconocido en un futuro como el verdadero faro de un país que se recuperaba, al fin, de una guerra entre hermanos. De un país que estuvo convertido durante 40 años en el escenario de una dictadura político militar, nacional y católica.

La idea: El reflejo y la permanencia con honores en el futuro.

Esa idea pasa desapercibida para aquellos que viven el presente, para esos habitantes de los lugares del futuro de aquellos que sí tenían claro como querían ser recordados.

En Puertollano, la ciudad del niño, durante la dictadura, alcaldes del régimen franquista dieron honores al Caudillo Francisco Franco, al igual que en muchas otras ciudades. El primero fue Enrique Porras que en sesión extraordinaria del Pleno del 6 de agosto de 1945 nombró al Caudillo Alcalde honorífico; y, posteriormente, en una segunda sesión plenaria Millán Aguilar, en octubre de 1967, le nombró de nuevo Alcalde honorario, esta vez con carácter perpetuo. También en esa misma sesión se adhirió a una iniciativa nacional para el nombramiento de esa figura como alcalde mayor del pueblo de España.

Franco está muerto y enterrado.

En el imaginario adulto de ese niño, la figura del dictador español está todo lo que puede estar olvidado. En el de sus hijos ni siquiera existe y, seguro, formará parte de la historia de su país que leerán en libros o le contarán descafeinada sus mayores. Y la nostalgia de unos pocos terminará por apagarse.

Con todo ello, siendo adulto no deja de sorprenderse por la noticia de que ese señor, que gobernó su país de forma excluyente, sea alcalde honorífico de algo y menos aún de su ciudad. Una ciudad obrera e industrial, una ciudad superviviente gracias al esfuerzo y la sangre de sus gentes, de sus mujeres y hombres que dejaron y dejan su vida por su trabajo.

Primero en la mina, luego en una Fábrica que la autocracia situó para explotar la materia prima de su suelo y a sus hombres. El tiempo reconvirtió la fábrica en refinería petrolera, que dio y da de comer a muchos, sustento hoy de una ciudad. Pero, que no se olvide, por la que también se pagan duros sacrificios que no merecen la pena recordar a los niños cuando preguntan, y que muy bien conocen quienes han vivido o viven allí.

Siempre es buen momento para decir basta.

El 24 de noviembre de 2011 en Pleno Municipal, Puertollano ha dicho basta. El niño ya adulto aún se sorprende de que entre ciudadanos demócratas haya algunos, los menos, que entiendan o que no les preocupe tener dictadores homenajeados por sus instituciones. Y lo que es peor, que nunca vean el momento de decidir. Sea el tiempo que sea y con la sencillez que se necesita.

Sigue sin poder entender como alguien tiene una mínima duda. Que personajes actuales salten como resortes de tiempos inmaduros, cuya actitud sólo entiende sí el dictador todavía no ha desaparecido de su imaginario.

Pero además, a ese niño que ya lee y entiende, le sorprende más que torticeros, garantes de la liberad, sean capaces de embarrar la posibilidad democrática de un Pleno para eliminar este tipo de honores, que fueron otorgados por gentes de otras épocas que no representaban a nadie y para los que el pueblo significaba bien poco. Así, sencillo de un simple plumazo, sin más motivos por higiene.

Porque no cuesta nada y es justo.

Ese adulto está hoy seguro de que esas mismas personas no dudarían en alegrarse el día después de recibir noticias, tan limpias y naturales para todos, como que el Parlamento Alemán pide perdón por los horrores de Hitler; o que Kevin Rudd desde la presidencia australiana pida disculpas a los aborígenes australianos por la colonización de los blancos; incluso, se sorprenderían si en algún libro imaginario de historia encontraran que Churchill es alcalde honorífico de Dresde, ciudad que fue liberada de los nazis por su aviación y el ejercito americano después de dejarla arrasada. Por que las formalidades por absurdas no dejan de sorprendernos.

Por lógica, realmente a muchos, a la mayoría de su ciudad, ha sorprendido la noticia de que eso sea así, de que Franco sea alcalde honorífico de Puertollano. Todos ellos ignorantes de un hecho de imposición burocrática que debió de estar automáticamente derogado, clara y formalmente, desde el día 1 del mes 1 de nuestra democracia.

Pero nadie puede confundirse, realizar esas acciones necesarias para que Franco deje de ser alcalde honorífico de la ciudad no significa más que firmar un papel. Algo así como pasar el rodillo chorreante de pintura blanca que un día pasó por el graffiti de aquel edificio dejando así de recordar que ese lugar no era parte del esfuerzo de los hombres y mujeres que allí vivían.

Podría haberse firmado ese papel de forma justa, con el consenso de todos los partidos democráticos de la ciudad, sin ruidos chirriantes, con normalidad, sin coste económico alguno, en sólo tres minutos de un Pleno ordinario. Poniendo en orden una situación prehistórica que seguro es reconocida y entendida con normalidad en este presente y, por supuesto, en el futuro. Pero no ha sido así.

Ese niño ahora no quiere ni imaginar como hablarán o escribirán algunos cuando un Presidente de su País, al fin, pida perdón a todos aquellos que fueron vejados en el nombre de España.

(1) Imagen de acta de sesión del Archivo Municipal de Puertollano.

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Un pensamiento en “Una peli de indios

  1. Y ahora me gustaría, después de leer tu excelente documentación e identificarme con ese niño adulto, poder también encontrar algún comentario de aquéllos que parecen entender (como tú mismo dices) todavía a estas alturas que un dictador puede seguir siendo lo que sea honorífico de una ciudad o cualquier sitio. Que ya está bien de callar e irse siempre de rositas, hombre. Que ya está bien de tanta patada a la democracia y sobre todo tanto tocar los cojones a la sensatez.

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