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Claro, me gusta cambiar las ciudades, me gusta cambiar la mía, pero lo que más me gusta es cambiar el mundo, cambiar mi mundo.

Levantarme y despertar a la familia en sábado de primavera para recibir la primera sonrisa del día, construir un desayuno para ellos con tostadas de pan y aceite verde, verde, con tomate rojo, rojo, con churros y bollitos de panadería antigua. Y después, salir a la calle a tomar el sol.

Me gusta pasear y decir ‘buenos días’ a los vecinos. Sentarme en un rincón y leer un libro o periódico, ajeno a lo que pasa y a quienes pasean. No me gusta el ruido excesivo en las plazas, ni que los coches sean los protagonistas en mi ciudad. No me gustan las teles en los restaurantes ni que me corten cuando estoy metido en mi mundo. No me gusta los sitios con mucha gente, pero me gusta sentirme masa en un concierto punk, tanto como sentirme único en una buena sesión de música electrónica.

Me gusta acudir a trabajar sabiendo que va a ser el día, disfrutando cada minuto con tensión, sabiendo que el resultado será importante para esa ciudad que me gusta cambiar. Me encanta hacer siempre cosas distintas, empezar y crear, empezar y crear, creando algo ideal para luego abandonarlo a su amor o al amor de otras personas con más capacidades que las mías para mantenerlo en el tiempo.

Me gusta el fútbol en domingo; me gusta sustituir la radio y sus anuncios forzados por la mirada de reojo al Twitter silencioso mientras gana mi equipo. Me gusta ver a mis peques darle patadas a esa pelota, me gusta cómo me retrasmiten tras el partido una de sus aventuras con el balón, zigzagueando entre amigos, siempre con final feliz, como las películas americanas que dice mi hijo mayor.

Me gusta el mar, es algo que he descubierto disfrutando con amigos, buceando tras los pececillos, corriendo por el paseo marítimo, bebiendo un buen vino blanco en la orilla con un atardecer naranja.

Me gusta inventar historias para explicar algo difícil, no siempre me sale pero me gusta. Me gustaría tener un sillón orejero para leer los libros que tengo abandonados. Me gusta el rojo, y el negro, no me gustan las personas ‘oscuras’, ni me gustan las ideas cuadradas. Me gusta el progreso, no me gusta quien apela a las tradiciones ni quienes no creen en la libertad.

¡Ah!, me gusta cómo se quiere en mi pueblo. Me gustas tú.

Si quieres lee con música:

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